Navidad 2025 lenta: Una Navidad que no se siente: entre el bolsillo vacío y la desilusión colectiva
“El ambiente navideño está lento”, “no hay dinero”, “la Navidad no se siente”. Estas frases se repiten como un eco constante en las calles, colmados y conversaciones cotidianas durante el mes de diciembre. No son simples expresiones de nostalgia; son el reflejo de un sentir colectivo que atraviesa a una gran parte de la población dominicana, particularmente en los sectores populares.
La República Dominicana llega a diciembre en medio de tensiones políticas, escándalos que erosionan la confianza ciudadana y una economía que, aunque muestra cifras macroeconómicas positivas, no logra sentirse en los bolsillos de la mayoría. El resultado es una Navidad con más compromisos sociales y menos alegría genuina, donde la celebración se impone por calendario, pero no por entusiasmo.
En el municipio de Santo Domingo Este, el panorama del comercio informal —tradicional termómetro del dinamismo económico— luce apagado. Para estas fechas, en años anteriores, era común ver esquinas repletas de ventas de frutas navideñas, vendedores ambulantes con manzanas, uvas, pasas y dulces típicos, acompañados del bullicio propio de la temporada. Hoy, esa estampa es cada vez más escasa.
El alto costo de la vida ha golpeado con fuerza a pequeños comerciantes y familias trabajadoras. La inflación en productos básicos, el aumento en los servicios y la precariedad del empleo informal han reducido considerablemente la capacidad de consumo. Incluso el llamado “doble sueldo”, que tradicionalmente representaba un respiro económico y una oportunidad para compartir, se ha convertido en un recurso destinado casi exclusivamente a saldar deudas, comprar alimentos esenciales o cubrir compromisos atrasados.
Esta realidad obliga a muchas familias a posponer —una vez más— los planes que antes caracterizaban la Navidad: arreglos del hogar, cenas abundantes, regalos para los niños o encuentros familiares más amplios. El consumismo, tan criticado pero tan integrado a la cultura navideña, ha sido reemplazado por la prudencia forzada y la resignación.
Comparar esta Navidad 2025 con las de años anteriores resulta inevitable. El movimiento de dinero era más evidente, el ánimo social distinto y la esperanza más palpable. Hoy, en cambio, predomina la cautela, el desencanto y una sensación de estancamiento que no se disimula con luces ni música festiva.
Sin embargo, esta Navidad lenta también deja una reflexión necesaria: más allá del consumo, la falta de alegría revela una desconexión profunda entre el discurso oficial y la realidad cotidiana. Celebrar no debería ser un privilegio condicionado al endeudamiento, sino una consecuencia natural del bienestar colectivo.
Mientras tanto, el pueblo sigue haciendo lo que siempre ha hecho: resistir, adaptarse y buscar pequeñas razones para sonreír, aun cuando la Navidad, para muchos, simplemente no se siente.
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