Lago Enriquillo: periodistas recorren el corazón ecológico del sur y reafirman su valor ante los desafíos climáticos

 


Más de 200 periodistas emprendimos una travesía hacia el sur profundo del país con destino al majestuoso Lago Enriquillo, en el marco de la conmemoración del Día Nacional del Periodista, celebrado el pasado 6 de abril.


La jornada comenzó antes del amanecer. A las 5:00 de la madrugada del sábado 11 de abril, partimos desde el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), en una movilización marcada por la masiva participación y el espíritu de hermandad entre comunicadores.



Nuestra primera parada fue el balneario Las Marías, donde durante más de media hora disfrutamos de sus aguas cristalinas y refrescantes, en un ambiente de camaradería que dio inicio a una experiencia enriquecedora.

El recorrido continuó hacia la histórica Cueva de las Caritas, testimonio vivo del legado taíno, y se extendió por los alrededores del lago, así como por el paso fronterizo en Jimaní. La ruta incluyó además comunidades como Tamayo, Vicente Noble, Neiba, entre otras localidades de las provincias Bahoruco e Independencia.

Más allá de la experiencia vivida, el Lago Enriquillo se reafirma como uno de los ecosistemas más singulares y estratégicos del Caribe. Es el lago más grande de las Antillas y el punto más bajo de una isla en toda la región, con áreas que se encuentran a más de 40 metros por debajo del nivel del mar.

Este cuerpo de agua forma parte de la Reserva de la Biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo, reconocida por la UNESCO por su extraordinaria riqueza ambiental. En su entorno habitan especies emblemáticas como el cocodrilo americano, iguanas endémicas y una amplia diversidad de aves, incluyendo flamencos.

El parque nacional que lo protege desempeña un rol clave en la conservación de estos ecosistemas, considerados entre los más frágiles del país. Sin embargo, el lago también ha sido escenario de importantes transformaciones. Entre 2004 y 2011, su nivel llegó a duplicarse, provocando inundaciones que impactaron comunidades agrícolas y forzaron el desplazamiento de poblaciones como Boca de Cachón.

Estas variaciones, asociadas principalmente al incremento de las lluvias y a eventos climáticos extremos, continúan siendo objeto de estudio y representan un desafío constante para las comunidades cercanas.

Hoy, el Lago Enriquillo se mantiene como símbolo de la riqueza natural dominicana, pero también como un llamado de atención sobre los efectos del cambio climático y la urgencia de fortalecer políticas públicas sostenibles. Su futuro dependerá del equilibrio entre la conservación ambiental, el desarrollo y la resiliencia de los territorios más vulnerables.

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